> Inicio

> Quienes somos

> Contáctanos

> Correo BillingsMéxico

 

Búsqueda Billings:

La Sexualidad Humana, Principios de la Enseñanza Católica

+ Monseñor José Francisco Ulloa Rojas
Obispo Diocesano de Cartago, Costa Rica
Presidente del SEDAC

Introducción

La doctrina católica sobre la sexualidad humana en estos tiempos es muy mal entendida y siempre distorsionada. Esto resulta evidente cuando los medios de comunicación social manifiestan expresiones inexactas sobre conceptos de moral sexual e incluso hasta entre católicos esta materia no es bien entendida desde la visión católica.
Si ciertamente, en algunos ambientes existe un cierto rigorismo, en donde todo es malo y es pecado en materia sexual; hoy día el mayor desafío que nos preocupa sobre este tema es la confusión y la pérdida del sentido del pecado y la excusa que siempre se procura dar, lo cual todo uso de la sexualidad humana se convierte en ordinario y normal.
Actualmente se conoce y se publica sólo aquello en que la Iglesia se manifiesta en oposición con un “no y no se publica la verdad sobre la sexualidad que promueve. Por esta razón, es imposible entender el por qué la Iglesia Católica se opone al mal uso de la sexualidad misma. Por ello, a la Iglesia se le acusa de oscurantista, conservadora y  rezagada en la Edad Media.

1.- Visión distorsionada de la sexualidad humana

Quiero hacer un intento de elaborar una síntesis sobre la idea de sexualidad en el mundo actual.  A primera vista debemos tener en cuenta que la sexualidad como se entiende hoy se equipara al sexo, es decir, sexualidad es igual  a sexo y al mismo tiempo sexo se equipara a la libertad, esto es sexo igual libertad o “libertinaje”. Pareciera que la sexualidad ha perdido su significado existencial y relacional para reducirse a la exclusiva dimensión física y genital vivida en libertad.
Se trata de una libertad indiscriminada, más allá de cualquier otro valor que hace opresiva y alienante cualquier otra forma de limitación y condicionamiento, como la norma moral o ética.
Sólo la libertad favorecería según los que defienden esta corriente, la autenticidad expresiva de las relaciones y la superación de los condicionamientos impuestos por la sociedad.

Cuatro condicionantes o causas están en la base de la visión errónea y distorsionada que proyecta el mundo  actual sobre  la sexualidad. Debemos tomarlas muy en cuenta  cuando se quiere impartir una educación integral en la sexualidad humana o queremos defender  los principios de la moral católica. Es como el cuadrilátero donde debemos subir para enfrentarnos a esas corrientes e ideologías que nos desafían.

Apenas los voy a mencionar de pasadita, con el fin de contextualizar  la dimensión esencial de la sexualidad para la persona humana, a la luz del pensamiento del  Dios de la vida y del amor, expresado por la Iglesia.

Primer condicionante: La llamada “Revolución sexual”.

Con este término se indica el proceso que han presentado y justificado diversas corrientes ideológicas en los últimos años, los cambios de concepciones y comportamientos en materia de sexualidad. La revolución sexual ha provocado una serie de efectos desmoralizadores: el derrumbamiento del matrimonio y de la vida familiar; la legislación que ha permitido acceder fácilmente al divorcio; la convivencia en lugar del matrimonio o antes del matrimonio; las presiones para la legalización del matrimonio homosexual y la adopción de niños por parte de homosexuales. Esta llamada revolución sexual ha generado dos posiciones frente a la sexualidad. Una la corriente permisivista y otra  corriente naturalista, las dos con gran incidencia en la cultura actual.
La dimensión permisiva se expresa en el libertinismo, según el cual la sexualidad es considerada únicamente como uno de los instintos fundamentales que gobiernan la vida y que no se somete al control moral. Todo está permitido, es el lema de este permisivismo. Vivir una sexualidad sin normas que la frenen o la obstaculicen. Como consecuencia lógica está  el aumento de hijos ilegítimos y de madres solteras, muchas de ellas adolescentes.
La corriente naturalista, por otra parte,  considera que la satisfacción de las necesidades y del placer deben ser buscados como tales, sin referencia normativa, puesto que el individuo es ley de sí mismo. El concepto clave de esta corriente es el rechazo de Dios, al menos de un Dios interesado en la moralidad sexual.

Segundo condicionante: Las políticas  del control de nacimientos.

Para entender mejor los profundos cambios de los últimos tiempos en relación con los hábitos sexuales, se debe tener muy  en cuenta la política del control de la natalidad, que se ha convertido en una  ideología en los países industrializados y en los países en vías de desarrollo.  
Frente al aumento de la población mundial, que pasó en 20 años de cuatro mil millones en 1973 a cinco mil quinientos millones en 1993 y en previsión de las generaciones futuras, se ha infundido el  temor de no disponer de los recursos suficientes para todos los habitantes de la tierra y por tiempo indefinido especialmente en los países más pobres.
Se ha hablado de la “bomba P” “Bomba demográfica” o de explosión demográfica, se ha tomado como lema: “Hay que ser pocos para poder estar mejor y vivir felices.”
Este temor lleva necesariamente a una sociedad hedonista y permisiva que busca la eliminación de todo lo que impida alcanzar el bienestar, aunque se trate de la vida de otros seres humanos.

No es verdad que los recursos disponibles no son suficientes para todos. Este miedo carece de fundamento. La cuestión central no es tanto la superpoblación como la actitud de los países ricos que explotan y empobrecen a los países en vías de desarrollo. El problema es la falta de un reparto equitativo de las riquezas del mundo, imputable al egoísmo de los países industrializados.

Tercer  condicionante: La manipulada desinformación mediática.

Entre las causas de mayor significación en la modificación de los comportamientos sexuales está sin duda la desinformación, planeada por quienes manejan los centros de información.
“Siempre la desinformación ha sido utilizada como arma estratégica. Su rol manifiesta, en modo singular, la complicidad entre violencia y mentira. En sus diversas modalidades, la desinformación funciona como “un dato científico”, su metodología es  disfrazar informaciones, ocultar informaciones, e incluso hasta crear informaciones nuevas” afirma el autor Schooyans. Y si los poderes de la información se concentran en manos de pocos, sin ninguna posibilidad de control, el saber se transforma fácilmente en poder, hasta el grado de anular la libertad de pensamiento y la capacidad  crítica de muchos.     
La desinformación con respecto a la sexualidad se distorsiona en las cifras o datos, en los hechos con sonido, imagen, emoción que privan a la gente del sentido crítico. No debe sorprendernos  tanto, entonces, si la repetición de imágenes eróticas o pornográficas y de comportamientos sexuales cada vez más desinhibidos es  una de las causas del aumento de la actividad sexual entre los adolescentes.
 También se distorsiona la información sobre materia sexual con las palabras, se crean nuevos lenguajes, con mucha ambigüedad, se utilizan conceptos como “salud reproductiva”, “derechos reproductivos”, “género”,  para indicar no tanto la prevención y la cura de los males que podrían interferir  en la capacidad  normal de concebir y de llevar a término un embarazo, sino, más bien, una serie de intervenciones: contracepción, aborto y esterilización, dirigidas al control de la natalidad.

Cuarto condicionante: Las tecnologías médicas o la llamada medicina de los deseos.

La medicina moderna particularmente la que se dedica a intervenciones relativas a las esferas sexuales y a la procreación es víctima hoy en día de corrientes ideológicas que se disfrazan de hacer el bien, intentan en realidad asegurar el ejercicio de la máxima libertad. Se llama medicina de los deseos porque responde a las solicitudes, más o menos lícitas de los pacientes, como son: La contracepción, el aborto, la esterilización, la fecundación artificial, la solicitud de modificación del sexo, la búsqueda del hijo a toda costa, la pretensión de un hijo perfecto, son estas las peticiones a las que el médico debe enfrentarse con frecuencia. Todo deseo satisfecho genera otro deseo y otro y se va en cadena.
Entonces nos preguntamos, hasta dónde llegarán estas demandas, no es  fácil predecir ni prever.
Para poder ubicar en su punto correcto las enseñanzas de la Iglesia sobre este tema que nos ocupa, es necesario no perder de vista el horizonte por donde camina nuestra sociedad en este cuadrilátero de condicionamientos brevemente descritos. Para ello debemos tener ante nuestros ojos la realidad en que nos movemos, con nuestro sentido crítico y con la verdad en la mano que nos hace libres.

2.- Principios de la enseñanza católica sobre la sexualidad

Desde una visión personalista la sexualidad pertenece a la estructura fundamental de la persona, de su vida y de su actuar; está en relación con todo lo que la persona siente, imagina, piensa, dice, escribe y planifica. No se trata simplemente de una mera determinación morfológica o anatómica, ni tampoco de una característica que pueda reducirse a categorías fisiológicas.
    El ser humano se experimenta a sí mismo como un ser sexual y sexuado en todas sus dimensiones: en la afectividad, en la genitalidad, en el erotismo, en todo lo que en él es “femenino” y “masculino”, en las dimensiones relacionales, en el deseo, en la nostalgia, en el amor casto, maduro, oblativo, incluso hasta en el culto y en la devoción más profunda, en la plegaria y en la contemplación. La persona humana es hombre o mujer, y lleva inscrita esta condición en todo su ser. Por esto, la condición sexuada del ser humano aparece, en todas las formas culturales, como un aspecto decisivo del modo de entenderse el hombre y la mujer a si mismos. Puede decirse que las cuestiones relacionadas con la división de la humanidad en hombres y mujeres constituyen una constante humana.
La Iglesia afirma que el sexo en sí mismo es algo bueno, forma parte de la creación que Dios ha considerado y ha visto como “bueno”. Es una realidad creada por la mano de Dios, intrínseca al matrimonio y a la procreación de los hijos, desde el principio cuando Dios creó a la persona: “Los creó varón y mujer”. La sexualidad por lo tanto es todo aquello que se refiere a un hombre o a una mujer y no simplemente una capacidad reproductiva biológica. En el centro de la creación del varón y la mujer está el matrimonio, una realidad creada por Dios, elevada a sacramento por Jesucristo, el Hijo de Dios, hecho carne.
Todo esto presupone una visión cristiana del ser humano. Para nuestra finalidad podríamos considerar  principios fundamentales:

El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.
La persona mediante el espíritu de Dios, se convierte en un ser racional y responsable. Está llamada a participar en la libertad divina, se hace cocreador con Dios, adquiere capacidad de decisión, de auto-orientación y auto-conciencia. Así, la persona es sujeto moral, llamada a reflejar a Dios formando su propia conciencia en armonía con la voluntad de Dios, esto es con el orden moral establecido por el mismo Dios gravado en el interior de la naturaleza humana: la ley natural.

El ser humano es cuerpo y espíritu. Para la fe cristiana no existe el dualismo, esto es, dos elementos contrapuestos: el cuerpo por un lado y el espíritu por otro, existe más bien una unidad entre cuerpo y espíritu que se exigen mutuamente. tampoco se admite el maniqueísmo, es decir el cuerpo malo y el espíritu  bueno. Para el cristianismo el cuerpo es bueno. Todas sus funciones naturales son buenas y forman parte de su orden intrínseco, de su proyecto y finalidad. Por este motivo la sexualidad es buena y es intrínseca y esencial a la naturaleza humana.

El ser humano ha heredado los efectos del pecado original. Estos efectos han condicionado el uso de la libertad. Se manifiestan en forma evidente en las pasiones desordenadas, en los deseos, en los instintos y en los impulsos. La sexualidad es tal vez el punto más débil de la concupiscencia a que todos estamos inclinados. Precisamente por ser la sexualidad tan importante en nuestra naturaleza, se convierte en el objetivo de las fuerzas del mal. Esto no significa que la sexualidad en sí misma esté corrompida por el pecado original. Porque, la misma naturaleza humana es buena, a pesar de ello, sufre a menudo de desorden y por tanto inclinada al mal y al pecado, pero también es centro de alegría y realización.

El matrimonio centro de la sexualidad. Fiel a la revelación, la Iglesia pone la sexualidad humana en relación con el matrimonio y pide un uso correcto de la sexualidad en la diversidad de vocaciones: el matrimonio, el celibato  y la virginidad. Se podría decir, que estas vocaciones soy “conyugales”, según sus modalidades y todas ellas fecundas. Incluso, la Iglesia encuentra en el matrimonio la redención de la sexualidad humana, porque al ser elevado el matrimonio a la categoría de sacramento, la sexualidad es dignificada, de tal manera que se hace   fecunda por el  amor lleno de gracia y como medio para traer hijos al mundo en el seno de la familia.
En el matrimonio, la unión sexual se convierte en unión conyugal, los dos una sola carne, signo de la donación recíproca, donación que no es un aspecto accesorio, secundario o derivado, sino el aspecto más propio de la persona. La capacidad de donación que tienen los seres humanos en virtud de su condición sexuada se expresa en una forma de amor que es de todo peculiar. No se trata de querer únicamente lo mejor para las personas, sino de un querer mejor a la misma persona. “Te quiero” no significa simplemente ¡Qué bueno que existas!, sino que implica el “te quiero feliz”. Esto es, el deseo de la plenitud de la persona querida. Así se establece el vínculo conyugal indisoluble y exclusivo que incluye la exigencia de la fidelidad hasta la muerte. La verdadera libertad sexual se basa en la fidelidad recíproca del marido y de la mujer. Aquí se subraya el principio de que la procreación no está nunca separada de la sexualidad. La Iglesia mantiene inseparables los dos significados del acto matrimonial, de unión y  de procreación. La Iglesia ve la finalidad de la unión sexual no en términos biológicos, como mera “reproducción”, sino como procreación, porque los esposos cooperan con su Creador para transmitir la vida.

Como hemos notado, a pesar de los efectos del pecado original, la sexualidad humana es un misterio sagrado, digno de respeto. Nuestra conciencia debería estar adecuadamente formada para cultivar la responsabilidad y el respeto hacia uno mismo y hacia los demás, en este misterio de la sexualidad. 

3.- La Palabra de Dios guía e ilumina la sexualidad humana.

El Antiguo Testamento tiene una clara ética sexual, centrada sobre el matrimonio, sobre el embarazo y la higiene expresada como pureza ritual. La poligamia estaba tolerada, no era considerada como norma. El divorcio estaba permitido en algunas circunstancias, pero el adulterio, la homosexualidad y la prostitución eran rechazados.
El amor tierno y fiel son alabados en los libros de Rut y Tobías, en el libro del Cantar de los Cantares y en las imágenes de Dios como esposo,  en la revelación profética.
En el Nuevo Testamento se da un cambio rotundo. Jesucristo profundiza y mantiene la perspectiva del Antiguo Testamento sobre la sexualidad, se basa en él, corrige la práctica del divorcio (Cfr. Mt. 5,31; 19,3-11; Mc 7,22-23). Para Cristo un mal pensamiento sobre el adulterio es ya un acto pecaminoso.
La ética sexual de Jesús es más personal y más exigente. Sin embargo, es realista, por ejemplo en su enseñanza del celibato, dice que es para aquellos que son capaces de  recibir este don (Mt 19,10-13). Jesús es muy duro con las personas soberbias y autosuficientes, pero es misericordioso con la mujer adúltera, a ella le dice:”Vete y en adelante no peques más” (Jn 8,10-11). Es más, Jesús penetra en la conciencia de la mujer samaritana y la lleva a reconocer que cinco maridos ha tenido y el que tiene ahora tampoco es su marido (Jn 4,16-18).

San Pablo trasmite esta doctrina y llega a afirmar que los pecadores sexuales no pueden entrar en el Reino de los cielos (1cor 6,9-10). Sin embargo, insistía constantemente que para los bautizados, el mal uso de la sexualidad es del pasado, del hombre viejo. Los bautizados son criaturas nuevas, llamadas a rechazar la fornicación y los actos impuros, llamados a realizarse en el matrimonio o en el celibato cristianos, vocaciones de gracia vividas por causa del Reino de Dios.
Esta práctica sexual, castidad, pureza y fidelidad son características de los cristianos desde los primeros siglos.
Por eso, cuando se le acusa a la Iglesia que su preocupación constante es el sexo,  se es totalmente injusto,  al contrario, la preocupación sexual en todos los órdenes, la encontramos en el mundo. La Iglesia tiene un concepto y una vivencia del sexo muy digno y respetuoso. Además, la Iglesia ha sido siempre coherente con su ética sexual, aunque en algunas épocas fue un poco rigorosa debido a corrientes que se introdujeron, como el maniqueísmo. En todas las épocas la Iglesia ha defendido el celibato y la virginidad  como valores sublimes frente a permisivismos, lo mismo  el matrimonio y la vida familiar.

Todos los papas del siglo veinte nos han dejado valiosos documentos sobre este tema. El Concilio Vaticano II nos dejó enseñanzas preciosas sobre el matrimonio, la familia y valoró  el celibato y la virginidad. Hace 40 años el Papa Pablo VI se enfrentó en forma valiente a corrientes que atacaban directamente  a la doctrina de la Iglesia y nos dejó un documento profético: La Encíclica Humanae Vitae. La Congregación para la Doctrina de la Fe, nos clarificó y reafirmó  algunas cuestiones de ética sexual en su declaración “Persona humana” en 1975. La Iglesia no ha dejado nunca de iluminar a los creyentes y a las personas de buena voluntad sobre todos los aspectos de la sexualidad humana. Las cuestiones éticas han sido una preocupación constante del Consejo Pontificia para la Familia, en las últimas décadas.

La síntesis más clara y concisa en esta materia, en   el Catecismo de la Iglesia Católica, que debería ser el libro de texto para el conocimiento integral de nuestra fe. Tenemos suficiente material para formar y motivar a los jóvenes en esta materia e inculcarles  el respeto a si mismos  y a los demás  ( Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica Nos. 2331 al 2364).

4.- Algunas aplicaciones pastorales de la doctrina de la Iglesia

Para llevar a la práctica estas enseñanzas de la Iglesia sobre la sexualidad, debemos tener siempre en cuenta el equilibrio entre la verdad que ha de ser proclamada y enseñada con fidelidad y la misericordia que ha de ser practicada siempre con compasión.
La Iglesia como maestra debe proclamar la verdad sobre la persona, sobre la virtud de la castidad, sobre la naturaleza sagrada y fecunda del amor matrimonial. La moralidad que se deriva de estas verdades no puede ser negociable ni se puede renunciar sin faltar a la naturaleza humana y al plan divino. Se debe tener en consideración por otra parte, que la Iglesia es también intermediaria de la misericordia divina. Como una madre compasiva, comprende las debilidades humanas. Todo su ministerio de reconciliación en relación a quien ha caído en el pecado sexual se basa en la conciencia del sentido del pecado y en los efectos del pecado original. Alguien dijo que en cada puerta de una iglesia católica debería estar escrita con letras de oro la palabra: Misericordia.
Con esta premisa ante nuestros ojos, he seleccionado algunas situaciones de índole sexual que afectan a muchos seres humanos y piden una respuesta  pastoral en la sociedad que vivimos.

1) El adulterio
La doctrina sobre el adulterio deriva obviamente del sexto mandamiento y de la enseñanza del Evangelio.  Tan firme ha sido la posición de la Iglesia sobre la naturaleza del amor conyugal, que la separación de la Iglesia en Inglaterra fue el precio que la misma Iglesia pagó, cuando Enrique VIII intentó, sin conseguirlo, obtener del Papa el perdón o la legalización de su adulterio.
Como contraste al adulterio se debe proclamar la fidelidad como la virtud que lo anula. Es importante demostrar que el verdadero hombre y la verdadera mujer han de ser fieles el uno al otro. Debemos encontrar formas para reforzar los valores tradicionales de la fidelidad hasta la muerte que la muerte los separe.
Desgraciadamente nos encontramos hoy con la tendencia de rechazar el compromiso a largo plazo o como se dice de otra manera, se tiene temor de una opción fundamental en la vida. Esta debilidad no se refiere solamente al matrimonio, sino también al sacerdocio y a la vida consagrada. En una sociedad consumista y disoluta, “el use y tire” se convierte en símbolo de vida.
Con el adulterio surge otro problema el de los divorciados y vueltos a casar, que cada vez se multiplican. Esto desencadena problemas pastorales muy graves en  las parejas en situaciones irregulares y sus familias.

2) La fornicación y la convivencia
La fornicación ha sido expresa y repetidamente rechazada por San Pablo (1cor 6,18-19), para el Apóstol el cuerpo es como un templo sagrado y es manchado por este pecado. La Iglesia desde siempre ha enseñado la castidad y ha valorado la virginidad antes del matrimonio y no sólo para las mujeres (Cfr. Persona humana 7).
La fornicación es un obstáculo para cultivar el respeto recíproco y el autocontrol en los adolescentes. En una sociedad tan erotizada y la influencia de las modas permisivas debilita las costumbres y actitudes tradicionales.
En muchas partes existen campañas entre los jóvenes para restablecer el auto-respeto y cultivar la castidad y la virginidad.
En medio de esta inseguridad  y confusión existencial, hoy se plantea a la Iglesia la convivencia prematrimonial, el llamado matrimonio de prueba. Resulta paradójico, pero está demostrado que quien vive un matrimonio de prueba en muchas ocasiones no persevera. Las estadísticas son bastante altas en relación al fracaso de estos matrimonios.

3) La masturbación
El acto de la masturbación siempre ha sido rechazado por la tradición católica. Así lo afirma el Catecismo de la Iglesia Católica en el numeral 2352: Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado”. Está demostrado que la masturbación está más difundida en la sociedad moderna a causa del aumento de la pornografía,  de la publicidad erótica, del estrés y del cansancio de la vida actual. La enseñanza en el Documento Persona Humana sobre algunas cuestiones de ética sexual, de la Congregación para la Doctrina de la fe, No.9, distingue  por ello los diferentes niveles de responsabilidad implicados en este acto. En esta materia existe confusión de manera especial entre los jóvenes. Los padres, los directores espirituales y los orientadores deben clarificar toda duda al respecto, animar a los jóvenes, darles esperanza y al mismo tiempo indicarles los remedios espirituales, como la Eucaristía y la devoción a la Virgen María. Aquí entran algunos actos inmorales en el matrimonio como consecuencia de una mentalidad y práctica contraconceptiva y de material pornográfico.

4) La homosexualidad
La existencia de personas que experimentan una atracción sexual exclusiva o predominante hacia otras del mismo sexo, es un hecho conocido a través de los siglos y de las culturas.

Una de las preguntas más comunes que se hace hoy, en relación a la homosexualidad es ¿Cuál es la causa de la homosexualidad?. Pregunta importante, porque hoy día, algunos atribuyen a la homosexualidad un origen genético, para probar que es hereditaria y no aprendida y así exonerar de toda culpabilidad, dado que se actúa según su naturaleza.
Para otros, la homosexualidad proviene generalmente de una neurosis grave, que se desarrolla por causa de relaciones anormales con los padres. En muchos casos la homosexualidad se aprende de otros a una edad en la que la identidad sexual no está definida. Para algunos especialistas, puede haber casos en los que parece ser congénita. Como vemos la respuesta sobre  cuál es la causa no está clara ni es sencilla.
Los homosexuales se caracterizan por su inmadurez. Pareciera que se han quedado en una fase de incertidumbre e inmadurez sexual.
La enseñanza de la Iglesia está contenida en el documento Persona humana, que hemos citado y en el documento más reciente sobre la Pastoral de de las personas homosexuales. La Iglesia enseña que la homosexualidad es un trastorno, por eso los actos homosexuales son objetivamente equivocados y éticamente reprobables. Estos actos no buscan la fecundidad, porque no están dirigidos a la procreación y al amor conyugal. El comportamiento homosexual  separa la sexualidad tanto de su significado procreador como de su profundo sentido unitivo, que son  las dos dimensiones básicas de su naturaleza misma. Los actos homosexuales no sólo son de por sí incapaces de generar nueva vida, sino que, además, por no proceder de una verdadera  complementariedad sexual, son también incapaces de contribuir a una plena comunión interpersonal en una sola carne. El comportamiento homosexual es, pues, contrario al carácter personal del ser humano y, por tanto, contrario a la ley natural. 
La Iglesia  considera que toda persona humana, creada a imagen de Dios, tiene la misma dignidad, es hija de Dios y heredera de la vida eterna.
Por consiguiente, es digna de todo respeto y se rechaza toda discriminación, independientemente de su orientación sexual.
La particular inclinación de la persona homosexual no es de por sí éticamente reprobable. Es más, para la mayoría de ellas constituye “una auténtica prueba”. Y por eso deben ser acogidas con absoluto respeto. El respeto y la acogida han de ser especialmente solícitos porque la condición en la que se encuentran dista de ser favorable para su realización humana y personal. La inclinación homosexual, aunque no sea en sí misma pecaminosa, debe ser considerada como objetivamente desordenada, ya que es una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo  desde el punto de vista moral.

5) Travestidos y transexuales
Un problema más raro que aparece en la actualidad es la confusión sobre el sexo de una persona. Esto se encuentra en todas las culturas, porque se trata de un problema psicológico. Se manifiesta en el travestismo, o “vestirse al contrario”. Hay diferentes tipos de travestidos, principalmente hombres, desde los que se visten ocasionalmente con ropas del sexo opuesto hasta los que personifican el sexo opuesto. Algunos son homosexuales, otros no. En el Antiguo Testamento hay una grave amonestación en contra de esta práctica: “La mujer no llevará ropa de hombre ni el hombre se vestirá con ropas de mujer, porque el que así obra es abominable para el Señor, tu Dios” (Dt 22,5).  
El problema más serio es el de la transexualidad, cuando una persona está convencida de que pertenece al sexo opuesto y quiere “cambiar de sexo”. El asunto se complica más cuando corren ideas erróneas sobre el hecho de que el sexo es solamente un rol social y que se está en libertad de cambiar a su antojo. Existe el acceso a una cirugía que implica una mutilación corporal y a menudo  conlleva la esterilización, este acto es moralmente inaceptable según la Encíclica Humanae Vitae. Las cuestiones morales implicadas en este hecho se basan en que científicamente una persona no puede cambiar de sexo, porque es intrínseco a cada célula del cuerpo.
Por otra parte, un matrimonio con una persona que ha cambiado de sexo no sería válido y comportaría actos pecaminosos, porque en realidad ambos cónyuges  serían del mismo sexo.

Conclusión

La Iglesia  ha de trasmitir la verdad  sobre la sexualidad y formar a los fieles cristianos a vivir de acuerdo con esa verdad y a tener criterios claros sobre el uso correcto de la sexualidad. La formación de los niños y de los jóvenes requiere el conocimiento y la adhesión de los padres a la doctrina de la Iglesia, así como el apoyo de sacerdotes y catequistas bien formados en esta materia.
El sexo, como hemos visto, es algo complejo y delicado que incluye, una madurez ética. Como fuerza personalizadota, la sexualidad sintetiza la capacidad de amar, el dominio sobre las emociones, la responsabilidad ate sus consecuencias posibles, un sentido satisfactorio de la vida, de la felicidad y de los valores éticos. La sexualidad bien entendida está al servicio de la persona, que a su vez, vive  una vocación trascendente. A esta visión ética corresponde el sentido religioso del creyente y la adhesión a las orientaciones de la Iglesia Católica.
La sexualidad es un don de Dios, pero también es una responsabilidad. Es un don que nos posibilita “ser imagen de El, por el amor. Es responsabilidad porque se es llamado a vivir esta dimensión sexual con completa coherencia con la vocación a la que Dios nos ha llamado. Según el plan de Dios, el ser humano es un ser sexuado para que viviendo en el amor y la generosidad consiga plenitud y vida.

Humanae Vitae

Temas Relacionados:

> Artículos de interés

> Humanae Vitae, profecía de nuestro tiempo actual

> ¿A dónde van los fetos no nacidos?

> Los anticonceptivos orales causan osteoporosis

 

 
 
  Condiciones de Uso . . . Mapa de sitio . . . Webmaster . . . Woomb.org