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Paternidad y Maternidad Responsable

Hoy en día se sigue hablando sobre la polémica que causa el tema de la Paternidad Responsable y so­bre todo de las bases de la verdadera Paternidad Responsable. La sexualidad y la fertilidad representan, dentro del matrimonio, el importante papel de la Responsabilidad entre los Esposos, para la necesaria estabilidad de la vida conyugal y familiar, puesto que como primera célula de la sociedad, es en la FAMILIA y los ESPOSOS son el núcleo en donde la persona nace, crece, se desarrolla y muere.

Siendo la fecundidad una de las esen­ciales características del amor conyugal, ofrece a los padres como cooperadores con Dios Creador en la transmisión de la vida, la ocasión de desarrollar su capaci­dad generativa de acuerdo a su dignidad de personas, como expresión de su mutuo amor, en forma racional y libre, y por lo mismo, conscientes de la trascendencia de su relación sexual, por sus consiguientes im­plicaciones en la posible concepción de un hijo, lo cual sitúa a los progenitores en un ambiente de responsabilidad, que a su vez comprende el enlace existente entre el fin que se pretende, los medios empleados, las consecuencias resultantes, y la libre de­cisión de tener o no, su relación sexual.

A continuación mencionaremos unas de las tantas bases de la Paternidad y Maternidad Responsable

  1. Conocimiento y respeto del proceso de la procreación humana.
  2. Dominio del impulso sexual por la razón y la voluntad.
  3. Circunstancias socio-economicas, de salud física y psicológica.
  4. Respeto a la ley natural y al orden moral.

Desglosaremos cada una de las bases.

1. Conocimiento y respeto del proceso de la procreación humana.

Es evidente que si los Esposos, por amor deciden procrear un hijo o posponer su nacimiento, deben conocer la forma de como funcionan naturalmente sus órganos procreativos, en la concepción y desarrollo del hijo que han de procrear, aprovechando según su decisión, las fases fértiles o infértiles del ciclo de la mujer, para tener o no relaciones sexuales. En estrecha unión con ese conocimiento, se sitúa el respeto y aceptación de las fun­ciones de sus aparatos procreadores, su finalidad, y la decisión libre de la pareja, de determinar el momento de transmitir la vida o espaciarla, según la administración que tengan de su fertilidad. El desconocimien­to del proceso del ritmo biológico, tanto del hombre como de la mujer y de la procreación humana, favorece a las malas interpretaciones en cuanto a que se pone excusas para determinar que ya no pueden tener más hijos por prescripción médica, tal son los casos como; “tengo un problema en el pie y no puedo tener más hijos”, o bien no puedo con uno ¿podré con otro? o pocos hijos para darles mucho, “mi ginecólogo me dijo otro hijo y se muere” una serie de mentiras ocasionando con esto que se deban utilizar medios de control natal para la Paternidad Responsable, sabiendo de antemano que esto es promovido por sectores que están en contra de la vida y de la familia y están con un control natal mundial.

2. Dominio del impulso sexual por la razón y la voluntad.

Recordemos que el hombre tiene una condición de vida superior a la de los ani­males, por lo cual debe observar una con­ducta que esté de acuerdo con su dignidad de persona humana; es por ello que el querer imponer que tenemos un “un instinto sexual” es meramente comercial de quienes quieren poner al hombre como un mero animal para poderlo manipular en los distintos programas, -como de control poblacional- y la mercadotecnia incitándolo a adquirir conductas que están reduciendo al hombre al puro placer, y un placer hedonista.

El Impulso sexual de por sí es ciego, pero al mismo tiempo es controla­ble. Aquí se trata de la forma como coo­peran prácticamente el hombre y la mujer como seres sexuados, concientes de que el acierto en la combinación de sus ferti­lidades, depende en buena parte el éxito en su matrimonio, en el cual la sexualidad más que una simple actividad genital, o fuente de placer físico, expresa la armonía de la naturaleza en diversas manifestacio­nes.

Este dominio o control exige la disciplina y el esfuerzo necesarios por parte de la vo­luntad. Si no se respeta este orden de valores, como cuando la satisfacción del impulso se­xual se impone sobre el control de la ra­zón y la voluntad, sobrevienen las consi­guientes consecuencias desastrosas, como son el desenfreno de la sexualidad, que busca exclusivamente el placer; otros re­sultados son los millones de seres huma­nos concebidos fuera del matrimonio, o dentro de éste, pero en situaciones de evi­dente irresponsabilidad, como acontece en casos de embriaguez, violaciones, drogadicción, etc. esta conducta irresponsable es la causante de los problemas familiares, que incitan a la violencia intrafamiliar y aumentando demográfico fuera del matrimonio. “La pornografía es cómplice directa de una grave degradación moral, por la devaluación y agresión sexual al menospreciar la dignidad humana; porque al considerar a las personas simplemente como objetos de placer, reprime su profunda búsqueda del Supremo Bien Trascendente, ya que pretende solucionar todo con un materialismo cada vez más absorbente, que desencadena un feroz libertinaje sexual, en que al fin de cuentas, llegar a predominar el vacío del alma y la autodestrucción personal. De esta manera la pornografía resulta ser una eficaz aliada del anticoncepcionismo que al rechazar la natalidad, todo lo reduce al placer sexual desenfrenado”1

3. Circunstancias socio-económicas, de salud física y psicologica.

El hijo es una persona, un sujeto con derechos propios, naturales, que el Crea­dor le da de acuerdo a su dignidad, como corresponde a quien ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, y con una di­mensión espiritual y eterna, por encima de los valores terrenales. Los padres son los primeros responsables en asegurar la sa­tisfacción de esos derechos en la persona de su hijo, como inmediatos responsables de su vida, estando en primer lugar el de­recho a la existencia, al alimento, casa, in­tegridad física, educación integral, trabajo, pero sobre todo al AMOR de los padres

Muchos padres de familia anteponen los lujos materiales (autos ultimo modelo, equipos electrónicos cada ves más sofisticados, etc.) que tener otro hijo, porque dicen que el hijo es un lujo que no se pueden dar, lujo que ellos mismos no quieren tener, para darse un lujo menor (autos y demás cosas), ¿no será que se han metido a la mente de todos los programas anti-vida que existen en el mundo? o bien buscan su propia comodidad para no tener más responsabilidades y pones excusas de las que ya hemos mencionado, porque dicen que la modernidad es no tener más que un hijo o máximo 2, que vienen ser como el reemplazo de los padres(madre y padre—hijo --hija) y así tener una población controlada, sin excederse. Si seguimos las líneas que quieren marcarnos pronto llegaremos a hacer una nación como la Europea, en donde hay poca o nula población infantil, pocos jóvenes y mucha población adulta.

Los padres son los primeros responsables en asegurar la sa­tisfacción de esos derechos en la persona de su hijo, como inmediatos responsables de su vida, estando en primer lugar el de­recho a la existencia, al alimento, casa, in­tegridad física, educación integral, trabajo, pero sobre todo al AMOR de los padres. Por lo que ante la presencia de esas circunstancias socio-económicas ( de dine­ro ), los esposos deben deliberar con since­ridad y generosidad antes de procrear un hijo, si están en condiciones de satisfacer esos derechos naturales, luego decidan lo que responsablemente proceda ya sea tener un hijo más, o por justos motivos posponerlo durante algún tiempo o indefinidamente.

Tomar esta libre decisión es exclusivo de los cónyuges. Sólo dentro de un marco de responsabilidad y generosidad, tiene sentido la común expresión de tener " los hijos que Dios nos de". Dios no bendice la irresponsabilidad.

A las circunstancias mencionadas, hay qué añadir las relativas al grado de salud tanto física como sicológica de los padres. La salud integral es un factor determinan­te de responsabilidad para la toma de es­tas decisiones, sobre el número de hijos que ambos consideren que son capaces de procrear y educar.

4. Respeto a la ley natural y al orden moral

"La Paternidad Responsable comporta sobre todo una vinculación más profunda con el orden moral objetivo establecido por Dios, cuyo fiel intérprete es la con­ciencia rectamente formada. El ejercicio responsable de la Paternidad exige por tan­to, que los cónyuges reconozcan plenamen­te sus propios deberes para con Dios (como colaboradores libres y responsables en su obra creadora), para consigo mismos (de acuerdo a su dignidad humana ya sus derechos y deberes), para con la familia (en particular para con los hijos nacidos o por nacer), y para con la sociedad (a la que de­ben beneficiar y no causarle problemas), en una justa jerarquía de valores. "En la misión de transmitir la Vida, los Esposos no quedan por tanto libres para proceder arbitrariamente, como si ellos pudiesen determinar de manera completamente au­tónoma, los caminos lícitos a seguir en la transmisión de la vida, sino que deben con­formar su conducta a la intención creado­ra de Dios, manifestada en la misma na­turaleza del matrimonio y de sus actos"2

"Cuando los Esposos mediante el recur­so al anticoncepcionismo, separan estos dos significados (unitivo y procreativo), que Dios Creador ha inscrito en el ser del hombre y de la mujer, y en el dinamismo de su comunión sexual, se comportan como árbitros del designio divino, y manipu­lan y envilecen la sexualidad humana, y con ella la propia persona del cónyuge, alterando su valor de donación total de los Esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir; el de no darse al otro totalmente, se produce no solo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsifi­cación de la verdad interior del amor con­yugal, llamado a entregarse en plenitud per­sonal" 3

Ante todo digamos que hay muchos matrimonios felices, muchas parejas que un día se hicieron entrega mutua ante el altar, y que ahora van dando testimonio de su AMOR y de su felicidad ante el mundo que los rodea. Lo que ocurre que esos matrimonios meten ruido y de ellos nadie habla.

Sin embargo, no es ningún secreto que la vida matrimonial esta sufriendo en nuestros días profunda crisis. Para convencernos de ello, basta observar las noticias de la prensa, las declaraciones de los psicólogos, la información de los sacerdotes y abogados, los guiones de las películas y muchos folletos de literatura, y nos daremos cuenta en seguida de que la enfermedad social más extendida, la llaga más profunda, es la crisis del matrimonio y del hogar”4

Es por ello que ponemos la siguiente situación;

Conciencia rectamente formada

En lo más profundo de su conciencia, el hombre descubre la existencia de una ley natural que él no se ha dado así mismo; ley suprema inscrita por Dios en lo más profundo de su ser, y a la que debe obede­cer: AMAR Y PRACTICAR EL BIEN Y EVITAR EL MAL; en la observancia de esta ley natural se refleja la dignidad hu­mana.

Nuestra conciencia no es pues una nor­ma autónoma, porque está regida por la ley divina, por el orden moral superior, impreso por Dios en la naturaleza de las cosas y de sus actos; por consiguiente, la decisión de los Esposos conforme a una conciencia rectamente formada, y ajustada objetivamente a esta ley y a esta verdad, por su conocimiento, respeto y aceptación, es la última norma de la moralidad y res­ponsabilidad de sus actos, cuya fiel obser­vancia procurará armonía y felicidad a la sociedad conyugal.

La actitud de los Esposos que obran con conciencia rectamente formada es ésta: "Cuando se trata de conjugar el amor con­yugal con la responsable transmisión de la Vida, la índole moral de su conducta, no depende solamente de la sincera intención y apreciación de los motivos, sino que de­be determinarse con criterios objetivos, tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos, criterios que mantienen ínte­gro el sentido de la mutua entrega y de la humana procreación, entretejidos con el amor verdadero. Esto es imposible sin cul­tivar sinceramente la virtud de la casti­dad" 5.

Elementos necesarios para la formación de la recta conciencia

Siendo de capital importancia para los Esposos obrar siempre con conciencia rectamente formada, como última norma de la moralidad de sus actos, estimamos pru­dente, extendernos un poco más en este punto, precisando los elementos necesa­rios para la formación de una recta con­ciencia, con lo que se facilita la compren­sión de este principio normativo para su justa aplicación; y para ello recurrimos al contenido del mensaje del Episcopado al Pueblo de México sobre la Paternidad Responsable (12 Dic. 1972). "Los Esposos son cooperadores del amor de Dios Crea­dor y como sus intérpretes; a ellos corres­ponde decidir libre y personalmente y de común acuerdo, acerca del número de hi­jos que han de tener para educarlos digna­mente , esto también nos habla el Artículo 4o de la Constitución Política de los estados Unidos Mexicanos. Esta decisión no será resultado del capricho ni de motivos egoístas, sino fruto de un amor que crece y que madura, que busca su propio bien, el de los hijos pre­sentes y futuros, y el de la sociedad" 6.

"Esta decisión de los Esposos de tener o no otro hijo, implica el derecho y la responsabilidad de escoger entre los me­dios lícitos conducentes... lo que no siem­pre es fácil para las parejas... para poder decidir (acertadamente), y cuenten con los elementos necesarios para la formación de una recta conciencia

http://www.aciprensa.com/

http://www.vidahumana.org/

1 Vía Educ. Para la regulación de la Natalidad

2 Encíclica Humanae Vitae. #10

3 Encíclica Familiaris Consortio.# 32

4 Libro “tres para el matrimonio” José Miranda. Ediciones Paulinas

5 G.S. 51

6 G.S. 50-51

Temas relacionados:

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> Planificación Familiar

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